El dicho 'Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como' se mantiene vivo en el lenguaje habitual debido a su flexibilidad para resaltar la capacidad de alguien que se basta a sí mismo o para señalar a quien actúa con egoísmo exagerado. La expresión se originó en la Letrilla Satírica III de Francisco de Quevedo, escrita en el siglo XVII, donde el poeta cerraba cada estrofa con la frase 'Yo me soy el rey Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como'. Con el tiempo, el pueblo sustituyó al rey Palomo por un bandolero cordobés llamado Diego Padilla, al que la tradición cordobesa bautizó como Juan Palomo. Diego Padilla lideró ataques contra las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia en Fuente la Lancha, al norte de la provincia de Córdoba, y se dice que su ingenio aseguraba recursos constantes para sus hombres. La Casa Grande, un cortijo que pertenecía a descendientes del Conde de Belalcázar, se convirtió en el centro de las historias transmitidas sobre el grupo de bandoleros. La frase ha resistido el paso de los siglos y se mantiene vigente cada vez que alguien decide guisarse y comerse su propio plato sin ayuda de nadie.