Una fiesta en un ático de la Castellana se convirtió en un experimento sociológico al confiscar los teléfonos móviles de los invitados. Durante tres horas, los asistentes interactuaron sin la mediación de pantallas, lo que permitió conversaciones más profundas y auténticas. La ausencia de redes sociales y la prohibición de hacer fotos o publicar contenido en línea crearon un ambiente único. La fiesta contó con la presencia de Agatha Ruiz de la Prada y ofreció comida y bebida, incluyendo hamburguesas de Junk y jamón de Enrique Tomás. Aunque no se permitieron teléfonos, había un fotógrafo oficial y un fotomatón para que los invitados se llevaran un recuerdo en papel. La experiencia sugiere que la desconexión digital puede ser una tendencia futura en eventos, donde la presencia y la interacción humana son más valiosas que la conectividad en línea. En paralelo, la autora reflexiona sobre su vida doméstica con dos felinos y cómo septiembre en Madrid se caracteriza por una mezcla de estaciones, lo que se refleja en la moda y el clima.