La dinastía ptolemaica de Egipto practicaba el incesto por motivos políticos, religiosos e identitarios. El primer matrimonio incestuoso fue entre Arsinoe II y Ptolomeo II en el siglo III a.C. La práctica se consolidó con la pareja Ptolomeo IV y Arsinoe III, que tuvieron un hijo, Ptolomeo V. El incesto se convirtió en una herramienta de propaganda para enfatizar la divinidad de los Ptolomeos y su poder sagrado. La historiografía ha sugerido que la práctica se debió a la preservación de la pureza de la sangre, pero no hay pruebas sólidas de que la dinastía hubiese padecido consecuencias biológicas graves. El incesto ptolemaico fue un signo de singularidad y poder, y se exhibía públicamente mediante rituales y representaciones artísticas. Cleopatra VII utilizó el incesto como un recurso de poder en un contexto político precario. La práctica se convirtió en una marca de identidad de la dinastía y una forma de propaganda dinástica. Según Sheila L. Ager, el incesto ptolemaico funcionaba como un signo de singularidad y una manera de destacar que la familia real estaba por encima de las normas que regían a los demás. En el año 2025, Ager publicó un estudio en The Journal of Hellenic Studies sobre el incesto en la dinastía ptolemaica.