En Andalucía, la primavera se anuncia con la floración de los azahares y la aparición de caracoles y cabrillas en los bares. Aunque ambos son gasterópodos, se diferencian en tamaño, textura y forma de cocinarlos. Los caracoles chicos son pequeños, con concha fina y sabor delicado, y se sirven en un caldo especiado. Las cabrillas son más grandes, carnosas y se cocinan en salsa de tomate picante. La limpieza es fundamental, y se lavan varias veces antes de hervirlos con una muñequilla de especias. Dos recetas clásicas son los caracoles en caldo andaluz y las cabrillas en salsa de tomate picante. La temporada del caracol es una fiesta popular en Andalucía, con eventos como la Caracolea en Gelves y la Ruta de la Tapa de Caracoles y Papa Aliñá en Jerez. En abril, los bares sacan las cazuelas a las barras y las terrazas se llenan de gente disfrutando de estos platos. La preparación es un ritual sagrado, con cazuela de barro, guindilla al gusto y conversación de fondo.