El café nació en África, específicamente en Etiopía, donde tribus del cuerno de África molían el café de plantas silvestres para elaborar una pasta que se utilizaba para reforzar el vigor de los guerreros. El cultivo del café comenzó en el siglo XV y se extendió a Arabia, donde se popularizó como una bebida estimulante. Yemen fue clave para su comercialización y el puerto de Moca dio nombre a una de las variantes del café más conocidas. El consumo de café se propagó por los países musulmanes y llegó a Europa en 1600, traído de Turquía por mercaderes venecianos. El primer café de Londres se instaló en 1652 y los cafés se extendieron por toda Europa, identificándose con tertulias políticas. En el siglo XVIII, el consumo de café alcanzó una completa aceptación entre las clases acomodadas. Los holandeses se hicieron con semillas en 1616 y llevaron el cultivo a Indonesia, donde alcanzó gran prosperidad. Brasil se convirtió en el principal productor mundial de café en el siglo XIX y mantiene este puesto hasta hoy. El siglo XX llevó el café a todos los hogares gracias al envasado al vacío y al café instantáneo. En 1900 se creó el primer café tostado y envasado al vacío, y en 1901 apareció el café soluble instantáneo. Hoy en día, el café es una de las tres bebidas más consumidas, junto al agua y el té.