En Viena, durante la construcción de un campo deportivo, se descubrió una fosa común con más de 150 esqueletos que datan de la época romana. La fosa se encuentra en lo que fue Vindobona, una base militar romana en el Danubio. Los arqueólogos creen que los restos pertenecen a legionarios o gladiadores que murieron en combate. El hallazgo es significativo porque contradice la norma funeraria romana de la cremación, ya que los cuerpos fueron inhumados juntos. Los esqueletos corresponden a jóvenes de entre 20 y 30 años, con una estatura media de 1,70 metros y buena condición física. Muchos presentan heridas causadas por lanzas, dagas y proyectiles de ballesta. Se encontraron también cascos, fragmentos de armaduras y un puñal decorado del siglo I-II d.C. Las pruebas de ADN y los objetos asociados pueden revelar la procedencia de los soldados y las tropas involucradas en la batalla. La arqueóloga Kristina Adler-Wölfl calificó el hallazgo de 'dramático' y sugiere una catástrofe bélica no registrada en crónicas oficiales.