En 1955, el régimen franquista ordenó la expropiación y desalojo de Granadilla, un pequeño pueblo medieval del norte de Cáceres, ante la construcción del embalse de Gabriel y Galán. El pueblo fue evacuado y sus habitantes trasladados a municipios de colonización. Sin embargo, el agua nunca cubrió el casco urbano. Granadilla tenía más de 1.200 habitantes y unas 300 viviendas en ese momento. En 1980, fue declarada Conjunto Histórico-Artístico y se iniciaron obras de restauración. En la actualidad, el pueblo es un espacio educativo y emocional, con miles de estudiantes participando en talleres de restauración y educación ambiental cada año. El acceso libre y gratuito ha convertido a Granadilla en una visita frecuente para viajeros y curiosos. La memoria colectiva se mantiene viva a través de eventos y celebraciones, como misas y fiestas populares. El cine también ha contribuido a devolver visibilidad cultural al pueblo, como en la película ¡Átame! de Pedro Almodóvar. Hoy, Granadilla pertenece a la Confederación Hidrográfica del Tajo y está gestionada por el Ministerio para la Transición Ecológica.