En 2014, en la isla de Lolland, Dinamarca, el detectorista Torben Christensen descubrió un colgante de bronce del siglo X con una inscripción rúnica que decía 'Hmar x is', es decir, 'Este es un martillo'. Este hallazgo resolvió décadas de especulaciones arqueológicas sobre el propósito de los amuletos metálicos con forma de martillo encontrados en toda Escandinavia. La confirmación fue clara: se trataba de símbolos religiosos asociados directamente al dios Thor. El martillo era un talismán de protección, símbolo de devoción y probablemente amuleto usado en rituales cotidianos. El arqueólogo Peter Pentz subraya que el martillo de Thor no era un simple icono, sino una declaración de fe en tiempos en los que el cristianismo comenzaba a expandirse por el norte de Europa. Los vikingos, al portar estos colgantes, reafirmaban su identidad cultural y espiritual frente a influencias externas. El hallazgo demuestra que la religión nórdica se practicaba no solo en templos o ceremonias, sino también a través de objetos personales cargados de significado.