Las clepsidras, o relojes de agua, surgieron como solución a las limitaciones de los relojes solares. Una de las primeras pruebas físicas se encuentra en Egipto, en el templo de Amen-Re en Karnak, datada entre 1391 y 1353 a.C. La clepsidra de Karnak presenta doce columnas con marcas horarias y símbolos astronómicos. En la Grecia clásica, se usaban para limitar la duración de los discursos en los tribunales atenienses. Al-Jazari, inventor e ingeniero del mundo islámico, creó clepsidras con autómatas que se movían al ritmo del agua. Sus diagramas mecánicos incluyen anotaciones detalladas que permiten entender el funcionamiento de los componentes. La clepsidra se aplicó en astronomía, agricultura y justicia, y su conocimiento se transmitió de cultura en cultura. En el siglo XII, al-Jazari alcanzó nuevas alturas con la figura de la ingeniería automática. Los diagramas de clepsidras antiguas son ventanas al pensamiento de otras épocas y reflejan un enfoque integral del conocimiento.