En la tradición mitológica occidental, los dragones se conectan con la lucha contra el caos y el desorden cósmico. Los dragones del mundo clásico forman parte de una genealogía mitológica, muchos provienen de un linaje monstruoso vinculado a la diosa Gaia y a seres primordiales como Tifón y Equidna. Un ejemplo es Ladón, el dragón o serpiente que custodiaba las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, descrito a veces con cien cabezas y una voz múltiple. El dragón se transforma en el obstáculo que se interpone entre el héroe y el conocimiento, el poder o la gloria. En la transición hacia el cristianismo, la figura del dragón experimentó una transformación ideológica profunda, pasando de ser una criatura liminal o caótica a representar directamente al demonio. El dragón en la mitología grecorromana expresa las tensiones fundamentales entre lo humano y lo monstruoso, lo sagrado y lo profano. La figura del dragón ha sido reinterpretada en la literatura posterior y en la iconografía, desde los manuscritos medievales hasta los bestiarios renacentistas. El libro 'The Oxford Handbook of Monsters in Classical Myth' de Debbie Felton es una referencia importante para entender la mitología de los dragones en la antigua Grecia y Roma.