Un terremoto de magnitud 8,5-8,7 arrasó Lisboa en 1755 y otro de magnitud 7,9 en 1969. La investigación internacional dirigida por João C. Duarte encontró una anomalía de alta velocidad a 250 km bajo la llanura de Horseshoe, lo que sugiere una delaminación de litosfera oceánica. La serpentinización del manto superior generó un material débil que permitió la separación de un bloque de litosfera oceánica. Las simulaciones numéricas confirmaron el escenario y sugieren que la falla puede liberar una energía colosal, equivalente a la del terremoto de Lisboa de 1755. La delaminación oceánica podría ser el paso previo a la creación de una nueva zona de subducción en el Atlántico oriental. El estudio también advierte que los grandes terremotos del suroeste ibérico no pertenecen solo al pasado y que volverán a producirse en esta región, con capacidad de generar tsunamis que afectarían a comunidades costeras a ambos lados del Atlántico.