Un estudio internacional publicado en Nature Communications ha reconstruido el genoma del caballo ibérico desde la última gran glaciación hasta la Edad Moderna. Se analizaron 87 restos arqueológicos equinos y se recuperaron 7,12 millones de posiciones genómicas. El estudio identificó un linaje equino único denominado IBE, que se detectó desde el Pleistoceno superior, hace unos 26.800 años. Los IBE sobrevivieron en la península durante la última glaciación y persistieron hasta el primer milenio antes de nuestra era. El estudio también mostró que los caballos ibéricos no vivieron en aislamiento y que hubo eventos de mestizaje entre el linaje IBE y los caballos domesticados. La península ibérica se convirtió en un centro de cría y exportación de caballos de primera magnitud, capaz de influir en las poblaciones equinas de regiones como Gran Bretaña, Anatolia y el Magreb. La influencia genética de los caballos ibéricos superó las barreras de la antigüedad y se extendió hasta América.