La contaminación por plásticos ya no se limita a mares y ríos, sino que también se encuentra en el aire. Los micro y nanoplásticos atmosféricos (AMNPs) pueden recorrer miles de kilómetros en pocos días, transportados por corrientes verticales y horizontales, y se depositan en glaciares, desiertos y montañas remotas. La inhalación es la vía principal de exposición humana, lo que preocupa en ciudades densamente pobladas e industrializadas. Las estimaciones de emisiones varían desde menos de 800 toneladas hasta 9 millones por año. La falta de estándares en la medición y la complejidad de los modelos actuales limitan la precisión en la predicción de la dispersión y el impacto de estas partículas. Los expertos advierten que la incertidumbre sobre la cantidad de plástico en la atmósfera es alarmante y reclaman cooperación global para afrontar este riesgo invisible. Se propone crear una red global de monitoreo con protocolos unificados y refinar modelos atmosféricos con información realista sobre tamaño, forma y envejecimiento de partículas.