Investigadores de la Universidad de Nagoya han logrado transferir un comportamiento de cortejo entre dos especies de moscas de la fruta, Drosophila melanogaster y Drosophila subobscura, mediante la manipulación de un solo gen, el gen Fruitless. Este gen activa un grupo de neuronas productoras de insulina que están conectadas al circuito de cortejo en D. subobscura, pero no en D. melanogaster. Al activar el gen Fruitless en las neuronas productoras de insulina de D. melanogaster, los machos comenzaron a regurgitar comida y ofrecerla a las hembras, un comportamiento ajeno a su especie. El estudio sugiere que los cerebros pueden contener conductas evolutivamente dormidas que solo necesitan el programa adecuado para activarse. La investigación también abre una ventana fascinante a la evolución del comportamiento, ya que pequeños cambios genéticos en unas pocas neuronas preexistentes pueden llevar a una gran diversidad conductual. El modelo de D. melanogaster ha sido clave en la investigación biomédica durante décadas, con seis premios Nobel respaldando su importancia. En 2024, los científicos lograron mapear el conectoma cerebral más detallado hasta la fecha, abriendo el camino para estudios como este. Las implicaciones podrían extenderse a otros animales, incluidos los humanos, ya que las moscas de la fruta comparten cerca del 60% de su material genético con nosotros.