En 1950, Enrico Fermi formuló la paradoja de Fermi, preguntando por qué no se habían detectado señales de vida inteligente en el universo. El astrofísico Robin Corbet propone la teoría de la "mundanidad radical", sugiriendo que los extraterrestres podrían existir, pero no serían mucho más avanzados que nosotros. Corbet explica que la humanidad podría estar frente a un límite natural del desarrollo tecnológico, lo que explicaría por qué no detectamos señales de vida inteligente. La Ecuación de Drake estima que debería haber muchas civilizaciones comunicativas en la Vía Láctea, pero no encontramos nada. Corbet sugiere que el progreso tecnológico no es infinito y que las sociedades alcanzan un punto de saturación. La "mundanidad radical" implicaría que las civilizaciones alienígenas no son deidades cósmicas ni superingenieros, sino entidades tan vulnerables y limitadas como nosotros. Con el avance de radiotelescopios, podríamos detectar señales débiles de civilizaciones modestas en las próximas décadas.