Un equipo de investigadores tailandeses ha identificado restos químicos del consumo de betel en la placa dental de una mujer de entre 25 y 35 años enterrada hace 4.000 años en Nong Ratchawat, Tailandia. El hallazgo representa la evidencia directa más antigua del uso del betel, una práctica psicoactiva que continúa siendo popular en muchas culturas asiáticas y oceánicas. El estudio utilizó técnicas avanzadas de cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas (LC-MS) para analizar 36 muestras de placa dental mineralizada de la Edad del Bronce. La muestra positiva contenía trazas de arecaidina, hidroxychavicol y nicotina. El consumo de betel ha sido vinculado a enfermedades hepáticas, síndrome metabólico, cirrosis y daño renal, pero también tiene propiedades antioxidantes, antiparasitarias, antiinflamatorias y antisépticas. El descubrimiento demuestra que esta práctica ya estaba consolidada en el sudeste asiático mil años antes de lo que se pensaba.