TRAPPIST-1 e, un exoplaneta a 40 años luz, muestra señales de albergar una atmósfera, condición imprescindible para mantener agua líquida en superficie. Los datos del telescopio James Webb, analizados por un equipo internacional liderado por Cornell University, apuntan a un escenario en el que este mundo rocoso podría tener océanos, hielo o climas capaces de sostener habitabilidad. TRAPPIST-1 e forma parte de un sistema con siete planetas similares a la Tierra que orbitan la estrella enana roja TRAPPIST-1. La estrella TRAPPIST-1 plantea dificultades debido a sus fulguraciones y radiación ultravioleta intensa, que pueden erosionar atmósferas con facilidad. El equipo, liderado por Nikole Lewis, detectó señales compatibles con la presencia de gases atmosféricos, lo que representa la evidencia más sólida de que TRAPPIST-1 e conserva una envoltura gaseosa capaz de proteger y estabilizar agua. El descubrimiento impulsa nuevas hipótesis sobre cómo los planetas rocosos pequeños pueden conservar agua líquida y refuerza la importancia de instrumentos de nueva generación como el James Webb.