Un estudio publicado en Science revela que los ciclos de carbono y fósforo, junto con procesos geológicos, pueden actuar como un 'efecto dominó' en la regulación climática. Los investigadores Dominik Hülse y Andy Ridgwell, de la Universidad de California, Riverside, demostraron que cuando el CO₂ aumenta y la temperatura sube, los nutrientes como el fósforo fluyen en mayor cantidad al océano, alimentando el crecimiento masivo de fitoplancton. Al morir, estos organismos entierran carbono orgánico en los sedimentos marinos, generando una caída abrupta de oxígeno y un reciclaje más eficiente de nutrientes. El resultado es un secuestro masivo de carbono y un enfriamiento extremo, capaz de llevar al planeta a episodios tipo 'Tierra bola de nieve'. Las simulaciones abarcaron escalas de cientos de miles de años y escenarios con liberaciones súbitas de dióxido de carbono. Los resultados muestran que con niveles de oxígeno atmosférico un 60% menores a los actuales, la temperatura global puede descender más de 6 °C. El hallazgo ayuda a comprender por qué los ciclos biogeoquímicos no siempre suavizan los cambios climáticos, sino que pueden desencadenar respuestas excesivas y glaciaciones abruptas.