Dos equipos científicos en Alemania y Estados Unidos han documentado cómo restos bélicos, como bombas V-1 y barcos hundidos, se han convertido en base para ecosistemas marinos y fluviales de gran diversidad. En la bahía de Lübeck, se encontraron cabezas de bombas V-1 colonizadas por moluscos, algas y crustáceos, con hasta 43.000 organismos por metro cuadrado. En Maryland, Estados Unidos, 147 barcos de la Primera Guerra Mundial permanecen sumergidos desde la década de 1920 y se han cubierto de vegetación acuática que sustenta peces y aves. Los científicos emplearon drones para mapear la zona con gran precisión. Los restos bélicos ofrecen un refugio para la vida marina, pero también liberan sustancias potencialmente dañinas. El biólogo argentino Pablo Meretta recuerda que cerca de Mar del Plata existen barcos hundidos intencional o accidentalmente, y algunos fueron convertidos en parques submarinos para promover la vida marina.