Un estudio publicado en la revista Nature por un equipo internacional del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva analizó genéticamente los restos de 13 individuos neandertales hallados en dos cuevas del macizo de Altái: Chagyrskaya y Okladnikov. Los restos, que datan de hace 54.000 años, revelan vínculos familiares, migraciones femeninas y una organización social inesperadamente humana entre los neandertales. El estudio descubrió una red de parentescos nunca antes observada en fósiles neandertales, incluyendo un padre y su hija adolescente. La comunidad estaba compuesta por entre 10 y 20 individuos, y muchos de ellos compartían antepasados cercanos. Las mujeres se desplazaban entre comunidades, llevando consigo su linaje genético y probablemente también conocimientos, rituales y habilidades. Las cuevas no eran hogares permanentes, sino refugios de caza temporales. El estudio humaniza a los neandertales, mostrando que se abrazaban en familia, compartían campamentos de caza y criaban a sus hijas.