La extracción de arena natural ha generado un desequilibrio en ríos y costas, provocando erosión, inundaciones y pérdida de biodiversidad. China adoptó la arena artificial como respuesta a la escasez y al encarecimiento de la arena natural. El proceso consiste en triturar mecánicamente rocas o reutilizar desechos mineros para generar un grano útil en la construcción. La producción de arena artificial aumentó un 13% cada año tras 2010, y en 2020 la arena natural representaba solo el 21% del suministro, frente al 80% registrado una década antes. La experiencia china demuestra que el recurso artificial puede sostener proyectos a gran escala, aunque persisten dudas sobre sus límites. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió del problema, y Pascal Peduzzi, investigador de la entidad, explicó que no se puede extraer 50.000 millones de toneladas por año de ningún material sin causar enormes impactos en el planeta. La producción de arena artificial depende todavía de canteras y de la actividad minera, lo que obliga a medir sus costes ambientales.