Hace unos 2 a 3 millones de años, los antepasados del ser humano comenzaron a perder la espesa capa de pelo que cubría su cuerpo. La cabeza se convirtió en el punto más expuesto al sol, recibiendo directamente la radiación durante horas. El pelo largo en la cabeza fue una adaptación al bipedismo, funcionando como un sistema de climatización natural que bloquea los rayos solares, permite la ventilación y regula la temperatura. La forma rizada del pelo afro es una evolución aún más especializada, creando una especie de cúpula que protege del sol directo y deja circular el aire. La calvicie se debe a factores genéticos y hormonales, como la dihidrotestosterona (DHT), que debilita los folículos pilosos del cuero cabelludo. El cuerpo humano mantiene un delicado balance entre protección, regulación térmica y comunicación biológica, y la melena se quedó porque era esencial para proteger el cerebro y disipar el calor.