Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio descubrieron que los niños no pueden mantener el foco prolongado debido a que su memoria de trabajo aún no está completamente desarrollada. En un estudio publicado en Journal of Experimental Psychology: General, se analizaron a 40 niños de 5 años y 71 adultos mediante un juego informático. Los resultados mostraron que la capacidad de concentración depende directamente de la memoria de trabajo, y cuando esta se sobrecarga, la atención se fragmenta. La autora principal del estudio, Qianqian Wan, sugiere que la distracción no es un defecto, sino una forma de exploración que permite al cerebro joven recopilar experiencias diversas. El estudio también encontró que forzar la concentración sostenida a edades tempranas podría ser contraproducente, y que crear entornos educativos que aprovechen la exploración natural podría potenciar la capacidad de aprendizaje a largo plazo. Los autores del estudio proponen cambiar la forma en que interpretamos la atención infantil, diseñando estrategias que se ajusten a la biología del cerebro joven, como alternar actividades cortas con pausas o juegos, y reducir la carga de tareas simultáneas.