Los millonarios como Elon Musk, Jeff Bezos y Branson están compitiendo por colonizar la Luna, no por ciencia o humanidad, sino por negocio, legado y poder. La Luna ofrece recursos como helio-3 y tierras raras, y su conquista puede asegurar la supremacía sobre las comunicaciones, la defensa y el control de infraestructuras críticas. La motivación simbólica también es importante, ya que ser recordado como el conquistador de la Luna es un objetivo narcisista. Sin embargo, estos proyectos solo están al alcance de una élite y surgen interrogantes sobre quién controlará el territorio lunar y qué leyes se aplicarán. La Luna representa las esperanzas, temores y desigualdades de la humanidad, y la pregunta no es solo si podremos vivir allí, sino quién decidirá cómo y para quién será ese futuro lunar. La distancia a la Luna es de 384.400 kilómetros.