Después del cataclismo que acabó con los dinosaurios, la evolución aceleró su curso y generó al menos 12 veces de forma independiente mamíferos especializados en devorar hormigas y termitas, conocidos como mirmecofagia. Estos mamíferos, como los pangolines y los aardvarks, desarrollaron hocicos alargados, lenguas largas y sin dientes, y patas delanteras musculosas para romper nidos de insectos. La bióloga Laura Wilson y el investigador Thomas Vida analizaron la dieta de más de 4.000 especies y descubrieron que este diseño evolutivo ha aparecido en todos los grandes grupos de mamíferos, incluso en marsupiales y monotremas. La evolución parece obsesionada con este diseño corporal cuando las condiciones lo permiten, y se repite en apenas 66 millones de años. Los científicos no tienen una explicación definitiva, pero el patrón es claro: la evolución insiste en crear al mismo animal una y otra vez.