La existencia del fuego en la Tierra se debe a un equilibrio atmosférico singular, con una proporción de oxígeno del 21% que permite que las llamas ardan sin apagarse. La atmósfera terrestre contiene los tres elementos necesarios para la combustión: combustible, oxígeno y calor. La Gran Oxidación, que ocurrió hace 2.400 millones de años, cambió la química del aire terrestre y permitió la existencia de oxígeno libre. Las plantas terrestres surgieron en el Ordovícico, hace 470 millones de años, y desde entonces, los sedimentos guardan restos de carbón fósil que atestiguan la propagación de incendios. La investigación espacial ha demostrado que reproducir una llama fuera de la Tierra es difícil, y los experimentos en la Estación Espacial Internacional han mostrado que las llamas no se alargan hacia arriba en microgravedad. La luna volcánica de Júpiter, Io, tiene fuentes de lava espectaculares, pero no es fuego en sentido estricto. La Tierra es el único planeta conocido que ofrece las condiciones necesarias para la existencia del fuego.