Un estudio de la Universidad de Rostock en Alemania encontró que el contacto físico con perros aumenta los niveles de oxitocina, relacionada con el vínculo social y la empatía, mientras disminuye el cortisol, la hormona del estrés. Esto proporciona bienestar inmediato y fortalece la regulación emocional a largo plazo. Las personas que acarician perros habitualmente lo hacen por la asociación de este gesto con calma y seguridad, y tienden a ser personas empáticas y con alta sensibilidad emocional. Acariciar perros reduce la percepción de amenaza y favorece la interacción social, y puede estar relacionado con experiencias positivas durante la infancia. La neurociencia ha demostrado que las caricias afectan tanto al receptor como al emisor, generando un circuito de recompensa cerebral que favorece la sensación de bienestar y pertenencia.