Los astronautas han observado un cambio cromático en las ciudades desde el espacio, pasando de un tono amarillo anaranjado a un blanco azulado. Esto se debe a la sustitución de las farolas de vapor de sodio por luces LED, que emiten una luz blanca brillante y eficiente. La invención del LED azul de alta eficiencia, que valió un Nobel de Física en 2014, ha permitido generar una luz blanca asequible. Ciudades como Milán, Los Ángeles, Buenos Aires y Nueva York han realizado la transición al LED, con India llevando a cabo la sustitución más grande del mundo, con más de 13 millones de farolas LED instaladas. Sin embargo, este cambio también ha aumentado la contaminación lumínica, que puede afectar a la calidad del sueño y la biodiversidad. La solución puede ser la instalación de farolas inteligentes que regulen su intensidad según la hora o el tráfico, y que permitan recopilar datos ambientales. Se estima que casi una de cada cuatro farolas será inteligente para 2030.