El auge de Airbnb en las islas Galápagos ha transformado el panorama turístico, con más de 1.300 alojamientos de este tipo frente a unos 300 hoteles regulados. La llegada de turistas de bajo presupuesto ha generado una explosión de visitantes que gastan menos y contribuyen al deterioro ambiental y a la banalización de un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad. El archipiélago pasó de recibir 6.000 visitantes anuales en los años setenta a una previsión de 300.000 en 2025. La UNESCO ha instado a Ecuador a frenar el crecimiento y regular el turismo digital. El Ministerio de Turismo ha declarado ilegales muchos de estos alojamientos y ha ordenado cierres, pero carece de mecanismos efectivos de control. La disputa entre hoteles regulados y anfitriones de Airbnb refleja un conflicto más profundo: hasta qué punto Ecuador está dispuesto a sacrificar la integridad ecológica de las Galápagos para sostener su economía.