Un estudio publicado en Science Advances revela evidencias de violencia extrema en comunidades neolíticas de Europa central, hace unos 6.000 años. El análisis de restos humanos en Alsacia muestra un patrón de víctimas enterradas de forma irregular, con heridas traumáticas y prácticas funerarias diferentes. Los investigadores utilizaron técnicas isotópicas para comparar el origen y la alimentación de las víctimas con la de las personas enterradas de manera convencional, y descubrieron que no eran forasteros, sino que compartían el mismo entorno geográfico y dietético que sus vecinos. Los esqueletos presentan lesiones compatibles con ejecuciones masivas, incluidas fracturas craneales e impactos de proyectiles. Las fosas comunes reflejan una disposición desordenada de los cuerpos, en contraste con los enterramientos habituales. El estudio sugiere que estas masacres podrían interpretarse como celebraciones de victoria, y que la violencia tenía una carga simbólica. No hay indicios de selección por edad o sexo entre las víctimas, lo que refuerza la hipótesis de que el objetivo era eliminar de forma indiscriminada a un grupo entero. El aumento de la competencia por los recursos, el asentamiento de comunidades agrícolas sedentarias y la aparición de desigualdades sociales pudieron generar un caldo de cultivo propicio para los conflictos.