El hongo faloide agárico es uno de los venenos naturales más temidos, con una apariencia ordinaria que puede engañar a los recolectores. Según el periódico francés CNews, este hongo es capaz de cruzar continentes y reescribir sus propias reglas biológicas. La toxina que contiene, amanitina, bloquea la producción de proteínas y condena a las células al colapso. El emperador romano Claudio y el papa Clemente VII murieron después de ingerir esta seta. En Australia, recientemente, el hongo se cobró la vida de tres personas. La peligrosa especie se puede encontrar en prácticamente todo el planeta, desde los bosques europeos hasta América del Norte, Australia, Asia y Sudáfrica. Su genética evoluciona constantemente, modulando su toxicidad según el medio ambiente y las presiones locales. A pesar de ser extremadamente venenoso, el hongo podría servir a la medicina del mañana como un arma terapéutica que ataca las células cancerosas con precisión quirúrgica.