La ribera del Ebro en Zaragoza se está llenando de árboles mordisqueados, con alrededor de 70 ejemplares dañados. El Ayuntamiento ha identificado al castor como el responsable y ha lanzado un plan para proteger los árboles, incluyendo la colocación de mallas para evitar que los castores accedan a la corteza. Sin embargo, el plan no ha sido efectivo y ya se ha tenido que retirar un árbol. Los castores se reintrodujeron en la región sin permiso hace más de dos décadas y ahora están protegidos por la normativa comunitaria. La ciudad prevé plantar más de 1.700 árboles para reponer los dañados. Los expertos consideran que es necesario realizar estudios para entender el impacto de los castores en la zona y encontrar una solución efectiva.