Un equipo de investigadores dirigido por Shraddha Lall, candidata a doctorado en Biología Evolutiva, descubrió que la mosca de la fruta posee rasgos conductuales estables que se transmiten y evolucionan. El estudio, publicado en The Conversation, propone que la individualidad no es un accidente, sino una herramienta adaptativa con valor evolutivo. Los científicos comprobaron que cada mosca mantiene elecciones consistentes, como girar hacia la izquierda en un laberinto o preferir la sombra o las zonas cálidas. Estas preferencias reflejan una personalidad reconocible. La teoría del bet-hedging, o apuesta evolutiva, sugiere que la diversidad dentro de una población garantiza que al menos algunos individuos puedan sobrevivir a los cambios drásticos. El equipo sometió a miles de moscas a un proceso de selección artificial, midiendo la tendencia de cada una a girar en una dirección concreta y clasificando las familias por su nivel de variabilidad. Solo las líneas más diversas se reproducían, generación tras generación. Tras 21 ciclos, los resultados fueron contundentes: la individualidad aumentó de forma medible. Las poblaciones evolucionaron hacia una mayor variedad de comportamientos, demostrando que la personalidad puede evolucionar bajo presión selectiva.