Un estudio liderado por Robert G. Endres, del Imperial College de Londres, sostiene que la vida tal como la conocemos no debería haber aparecido de manera espontánea en la Tierra primitiva. El autor plantea que la probabilidad de que un conjunto complejo de información se organizara al azar es extremadamente baja. Según el trabajo, el tiempo disponible en la Tierra primitiva —unos 500 millones de años— habría sido un margen muy estrecho para que la química desordenada diera lugar a una estructura viable. El estudio utiliza la teoría de la información y la complejidad algorítmica para medir lo improbable que era la transición de moléculas simples a un organismo con capacidad de replicarse. La investigación no niega la posibilidad de abiogénesis, pero concluye que algo falta en nuestro conocimiento. Tal vez existan principios físicos aún no descubiertos que favorecen la autoorganización de la materia hacia estructuras vivas. El trabajo de Endres no se limita a señalar la dificultad, también explora alternativas, entre ellas la panspermia dirigida.