Un estudio de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, liderado por Fabian Kratz y Josef Brüdel, sugiere que la idea de que la felicidad aumenta con la edad podría ser un espejismo estadístico. Según los investigadores, la curva de felicidad que muestra un aumento en la felicidad después de los 50 años podría deberse al sesgo del superviviente, es decir, a que las personas más infelices mueren antes. Esto significa que los que quedan son los más longevos y estables emocionalmente, lo que crea una ilusión de aumento en la felicidad. Kratz ha revisado la literatura científica y encontrado que, al corregir los sesgos, el patrón de felicidad no muestra un aumento en la vejez, sino una estabilización en torno a los 50 años y un descenso constante después. Esto no significa que la vida no tenga sentido, sino que el relato de que todo mejora con la edad podría ser más cultural que biológico.