Un equipo de científicos ha descubierto un fragmento de ámbar en la Bahía de Pine Island, en la costa del mar de Amundsen, al oeste de la Antártida. El ámbar se encontró en una columna de tres metros de sedimentos y lignito, a más de 900 metros bajo la plataforma de hielo. La composición química del ámbar es idéntica a la resina de las coníferas y contiene patrones de resina producida tras heridas, como si los árboles hubiesen sufrido incendios o ataques de insectos. El descubrimiento sugiere que la Antártida albergó bosques templados hace unos 90 millones de años, cuando el mundo estaba dominado por dinosaurios y el clima era radicalmente distinto. Los investigadores concluyen que el clima fue posible gracias a niveles de dióxido de carbono muy elevados, que actuaban como un efecto invernadero natural. El ámbar ofrece una referencia directa sobre cómo responden los ecosistemas polares a climas extremos, un conocimiento crucial en tiempos de cambio climático. El descubrimiento reescribe la cronología del continente y muestra que la Antártida no fue siempre el páramo helado que hoy conocemos.