Un equipo de investigadores de Chicago ha demostrado que una proteína fluorescente, llamada EYFP, puede funcionar como cúbit dentro de células de mamífero y bacterias. Esto se logró mediante la manipulación de su estado electrónico, conocido como estado triplete, utilizando pulsos de láser y microondas. La coherencia se mantuvo durante 16 microsegundos, lo que es notable considerando el entorno caótico de una célula viva. Esta proteína podría convertirse en un sensor cuántico intracelular, permitiendo registrar campos magnéticos, eléctricos o procesos bioquímicos con precisión sin precedentes. Las posibles aplicaciones incluyen el estudio del plegamiento de proteínas implicadas en enfermedades neurodegenerativas, la expresión génica o la acción directa de fármacos en células vivas. Aunque existen retos técnicos, como la fotodegradación de la proteína y la baja eficiencia de lectura del espín, los investigadores confían en que técnicas de ingeniería de proteínas podrán optimizar sus propiedades.