En Latinoamérica, el tráfico de felinos silvestres para convertirlos en mascotas exóticas es un problema creciente. Según una investigación de Mongabay Latam, no existen estadísticas centralizadas sobre el tráfico de felinos en la región. En Colombia, se encontró un ocelote en una vivienda de lujo en Cali, mientras que en México, un lince rojo rescatado había sido mutilado por sus dueños. En Guatemala, un yaguarundí apareció en la capital sin que nadie supiera de dónde había salido. El tráfico de felinos está alimentado por el deseo de tenerlos como mascotas exclusivas, lo que puede tener un alto coste para los animales y los ecosistemas. Un jaguar rescatado en Brasil, llamado Xamã, logró ser liberado con éxito después de dos años de rehabilitación y un gasto de 180.000 dólares. Sin embargo, la mayoría de los animales rescatados no pueden regresar a la vida silvestre y terminan en refugios desbordados. El investigador José Fernando González-Maya afirma que los gatos silvestres rescatados son una 'patata caliente' para las autoridades, que necesitan darles una salida rápida. El tráfico de felinos es un delito invisible y mal contado, y se estima que en Argentina, más de 160 pumas fueron incautados entre 2017 y 2024, mientras que en Perú, se incautaron 591 ejemplares de félidos o sus partes entre 2014 y 2024.