Un estudio reciente sobre la presa de Siloé en Jerusalén ha revelado que su construcción data del año 800 a.C., durante la Edad del Hierro II. La presa, con dimensiones de 19 metros de largo, 11 de alto y 10 de ancho, fue un elemento clave en el sistema hidráulico de la ciudad. La datación radiocarbónica ha permitido establecer una secuencia coherente de la evolución del sistema hidráulico, que incluye la torre del manantial de Gihón, el Canal II y el Túnel de Siloé. La construcción de la presa se debió a la necesidad de gestionar el agua en una época de sequías prolongadas y lluvias torrenciales. El estudio confirma que la interacción entre factores ambientales y humanos fue decisiva en la historia de la ciudad. La presa de Siloé es un ejemplo de cómo las sociedades levantinas respondieron de forma organizada a las consecuencias de una climatología adversa. Los investigadores han fechado la construcción de la presa entre 809 y 792 a.C., lo que coincide con el período de sequías y lluvias torrenciales conocido como el 'mínimo solar homérico'. La presa simboliza la capacidad de la monarquía de Judá para gestionar las crisis ambientales y afirmar su control sobre la población.