En un universo con trillones de planetas, las probabilidades juegan a favor de la vida. La astrobióloga Ester Lázaro explica que la ausencia de pruebas no implica necesariamente que estemos solos. La ecuación de Frank Drake, formulada en 1961, intenta estimar cuántas civilizaciones podrían comunicarse con nosotros en la galaxia. La variable crucial es la duración de esas civilizaciones. La biología terrestre ofrece un espejo elocuente, donde la vida microscópica es la regla, no la excepción. Los extremófilos demuestran que la vida no necesita condiciones ideales. La búsqueda de vida extraterrestre no es solo científica, también es filosófica, y nos obliga a pensar en lo que significa estar vivos. En apenas un siglo, los humanos hemos modificado el clima, agotado recursos y desarrollado armas que podrían aniquilarnos. Si ese patrón es universal, el silencio del universo podría ser el eco de su fragilidad. La investigadora Lázaro concluye que la búsqueda de vida extraterrestre nos acerca a entender nuestro propio lugar en el cosmos.