Los meteorólogos observan un patrón más frecuente de huracanes que pasan de leves a catastróficos en cuestión de horas. La intensificación rápida se refiere al aumento de más de 55 km/h en los vientos sostenidos de un ciclón tropical en apenas 24 horas. Un estudio de Nature Communications reveló que los casos de intensificación rápida se duplicaron en las últimas cuatro décadas, sobre todo en zonas cercanas a las costas. El calor oceánico es el combustible de estas tormentas, y el ascenso del nivel del mar agrava los efectos. Los expertos sostienen que la única estrategia a largo plazo es mejorar los sistemas de alerta y reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. El huracán Otis (2023) y el reciente Melissa son ejemplos de cómo la física del clima está mutando. Los modelos climáticos coinciden en que el número total de huracanes podría no aumentar, pero sí su proporción de eventos extremos.