Investigadores en Países Bajos entrenaron a 24 ratas para elegir entre comida y evitar el sufrimiento de otras. Los resultados mostraron que 9 de los roedores modificaron su conducta y optaron por la alternativa menos dañina al escuchar los chillidos de dolor. La empatía tiene un límite, ya que cuando la recompensa aumentó a 3 porciones de comida, varias ratas volvieron a elegir la palanca dañina. El experimento identificó la base neurológica en la corteza del cíngulo anterior, que cuando se inhibió temporalmente, las ratas dejaron de evitar el daño ajeno. Un estudio posterior en la Universidad Pablo de Olavide en Sevilla exploró el dilema de elegir entre comida o interacción social, y reveló que las ratas usan circuitos similares a los humanos para equilibrar hambre y sociabilidad. Los hallazgos sugieren que la aversión al daño y el valor de la socialización no son exclusivos de las personas, sino mecanismos profundamente enraizados en la evolución de los mamíferos.