Un estudio liderado por la Universidad Rice revela que los peces antárticos lograron sobrevivir y expandirse en decenas de especies gracias a su capacidad para reinventar sus cráneos, creando mandíbulas flexibles y especializadas. Esto se debió a la incorporación de un módulo óseo nuevo que permitió que sus mandíbulas superiores e inferiores evolucionaran de forma independiente, multiplicando las estrategias de alimentación. El análisis de más de 170 especies con microtomografía mostró cómo estas innovaciones dieron lugar a mandíbulas especializadas, como trituradoras para presas del fondo marino y estructuras de succión para capturar animales veloces en aguas abiertas. La flexibilidad de las mandíbulas resultó crucial durante fases de glaciación e inestabilidad climática, permitiendo a los peces adaptarse a su entorno. Todo comenzó con un ancestro sudamericano que poseía proteínas anticongelantes en su sangre, lo que le permitió sobrevivir en aguas gélidas. El estudio, publicado en PNAS, redefine cómo entendemos la evolución en ambientes hostiles y demuestra que la innovación biológica puede abrir puertas insospechadas a la vida.