El informe anual del Planetary Boundaries Science Lab confirma que se ha superado el umbral de seguridad en la acidificación de los océanos, lo que afecta a la vida marina y tiene impactos económicos y sociales. Los océanos han absorbido entre el 20% y el 30% del CO₂ antropogénico desde los años ochenta, pero esta capacidad se ha vuelto en su contra. La acidificación afecta a organismos como mejillones, ostras, corales y plancton, lo que puede tener consecuencias en la pesca comercial y el turismo. El Mediterráneo es especialmente vulnerable debido al calentamiento acelerado y la acidificación. Expertos como Susana Flecha Saura advierten que estamos llegando a puntos de no retorno y que la cuestión ya no es si podemos frenar la acidificación, sino a qué velocidad ocurrirán los cambios y cómo podremos adaptarnos a ellos. Iniciativas como Ocean Ecostructures buscan soluciones creativas, como la instalación de estructuras artificiales en puertos para generar hábitats naturales y dar una segunda oportunidad a los ecosistemas dañados.