La industria de la aviación busca reducir sus emisiones, pero se enfrenta a un obstáculo inesperado: la manera en que pensamos sobre el dinero, el riesgo y la sostenibilidad. Un nuevo estudio revela que la revolución del vuelo limpio podría despegar si cambiamos la forma en que se invierte en innovación. La aviación limpia no es ciencia ficción, pero el dinero sigue mirando hacia otro lado. Ya existen proyectos de propulsión por hidrógeno, combustibles sostenibles y diseños ultraligeros capaces de reducir drásticamente las emisiones. El problema es que estas ideas siguen considerándose inversiones demasiado arriesgadas. Según la investigación realizada por la Michael Smurfit Graduate Business School del University College Dublin (UCD), la aviación mundial podría movilizar más de un billón de dólares en la próxima década, pero la mayor parte de ese capital solo servirá para hacer que los aviones actuales sean un poco más eficientes. El doctor Thomas Conlon, autor principal del estudio, lo resume así: “El capital debe fluir hacia innovaciones arriesgadas que realmente impulsen la descarbonización profunda”. El equipo de investigación desarrolló una herramienta que podría cambiar esa lógica: el Aviation Sustainability Index (ASI). Este índice cuantitativo mide hasta qué punto una tecnología o inversión puede separar el crecimiento del transporte aéreo de sus emisiones de carbono.