Un estudio publicado en City and Environment Interactions encontró que los autos estacionados actúan como placas solares temporales, aumentando el calor retenido en las calles. Los materiales metálicos de los coches tienen alta conductividad y baja inercia térmica, lo que significa que se calientan rápido bajo el sol y transmiten ese calor al aire circundante. En un experimento en Lisboa, un auto negro expuesto al sol durante 5 horas aumentó la temperatura del aire en 3,8 °C respecto al asfalto cercano, mientras que un auto blanco solo aumentó la temperatura en 1 °C. La diferencia se explica por el albedo, que es la capacidad de reflejar radiación solar. Los autos blancos reflejan hasta un 85% de la luz, mientras que los negros apenas un 10%. Los investigadores recomiendan medidas como fomentar autos de colores claros, aplicar recubrimientos reflectantes y limitar el estacionamiento en puntos críticos para reducir el calentamiento urbano. Lisboa cuenta con 91.000 plazas de aparcamiento y más de 700.000 vehículos circulando a diario, lo que puede amplificar el efecto del calentamiento urbano.