Investigadores del MIT analizaron mensajes en redes sociales de 157 países y encontraron que cuando la temperatura alcanza los 35 °C, la negatividad aumenta significativamente. El calor intenso provoca sudoración y deshidratación, lo que interfiere en funciones cognitivas esenciales y afecta la química cerebral, favoreciendo la aparición de ansiedad, depresión e irritabilidad. El estudio también mostró que no todas las poblaciones reaccionan igual, y que en regiones acostumbradas a climas cálidos, la tolerancia es mayor, mientras que en países de ingresos bajos el impacto del calor en el estado de ánimo es hasta tres veces superior. La investigación refuerza el mensaje de que el calor extremo afecta directamente al cerebro humano y advierte sobre una nueva dimensión de la crisis ambiental: el bienestar psicológico.