Un estudio de la Institución Coreana de Investigación Cerebral sobre el diamante mandarín (Taeniopygia guttata) sugiere que los pájaros contienen su impulso de cantar durante la noche y lo liberan con toda su energía apenas perciben la luz del amanecer. Los científicos analizaron cómo cambia el comportamiento vocal de los diamantes mandarines bajo distintos ciclos de luz y oscuridad, y comprobaron que los machos emitían más de cien cantos diarios con luz presente, pero permanecían completamente en silencio durante la noche. Cuando los investigadores retrasaron artificialmente el amanecer tres horas, observaron que las aves seguían despiertas y activas, aunque sin cantar, y que cuando finalmente apareció la luz, los cantos fueron más largos e intensos que nunca. El estudio propone que el canto matutino sirve como calentamiento del aparato vocal y como estrategia reproductiva, al demostrar fuerza y vitalidad a posibles parejas. El equipo surcoreano reconoce que los experimentos en laboratorio no reproducen completamente las condiciones naturales, y proponen replicar los ensayos al aire libre y con distintas especies, para confirmar si el patrón se mantiene en entornos silvestres.