La ola de calor ha generado una gran preocupación en España, donde solo un 30% de las capitales tienen una red de refugios climáticos. En Madrid, por ejemplo, hay 31 puntos señalizados por el Ayuntamiento para 3,3 millones de habitantes. Un estudio de Greenpeace muestra que las ciudades no se toman en serio la creación de espacios frescos y gratuitos para las personas en días de mucho calor. La adaptación a la crisis climática es crucial, y medidas como la rehabilitación de viviendas con fondos públicos, mapas de desplazamientos confortables y planes de sombra son necesarias. El Ayuntamiento de Barcelona ha empezado a monitorizar los resultados de su plan de sombra, que incluye la colocación de 30 pérgolas y dispositivos para proteger del sol en diferentes espacios de la ciudad. Los datos muestran que las zonas de sombra artificial pueden bajar la temperatura hasta cuatro grados. La falta de refugios climáticos afecta especialmente a las personas que viven en barrios más humildes, que tienen peores casas, peor climatizadas y peor aisladas, y que trabajan más al aire libre y tienen una peor salud.