La tecnología CRISPR se utiliza para editar genes y tratar enfermedades genéticas. En el contexto del envejecimiento, CRISPR se está utilizando para modificar genes relacionados con el deterioro celular. Se han realizado estudios con ratones afectados por progeria, una enfermedad que causa envejecimiento acelerado, y se ha logrado aumentar su esperanza de vida y revertir algunos síntomas. Sin embargo, no existe en 2025 una píldora CRISPR disponible para el consumo humano. La mayoría de las aplicaciones actuales de esta tecnología se limitan a terapias génicas administradas médicamente. Investigadores como Carlos López-Otín y Juan Carlos Izpisúa-Belmonte han demostrado que al editar genes como LMNA o KAT7 en modelos animales, es posible ralentizar el envejecimiento celular. La idea de una píldora que reescriba nuestros genes para mantenernos jóvenes es atractiva, pero la realidad es que CRISPR aún no puede empaquetarse en una cápsula. Se espera que hacia 2035 puedan comenzar los primeros proyectos piloto de reversión del envejecimiento con combinaciones de IA, CRISPR y terapias epigenéticas. Japón ha marcado el objetivo de alcanzar una esperanza de vida de 120 años.